Hay días en que Zapeando se convierte en una auténtica tentación televisiva. Y todo gracias a María Gómez, que apareció en plató con una camisa roja entallada y un pantalón blanco ajustado que parecía pintado sobre su figura. ¿Casualidad? Lo dudamos. ¿Efectividad? Total.
Desde el primer plano, con ese gesto de estirarse que dejó a más de uno sin aliento, hasta el momento en que se giró de espaldas con toda la naturalidad del mundo, María jugó con el límite entre la inocencia y la provocación.
El pantalón marcaba cada curva con descaro elegante, mientras la camisa, bien abotonada pero llena de intención, abrazaba su figura con precisión quirúrgica. Todo mientras charlaba como si nada, como si no supiera —o sí— el efecto que estaba causando al otro lado de la pantalla.
Ay, ay, ay… esa coleta alta, esa espalda al descubierto y esa manera de caminar por el plató no se olvidan fácilmente. María no solo informa: enciende, seduce y conquista, todo con una sonrisa y una pose natural. ¿Quién dijo que en televisión no hay erotismo sutil?



soy fan de su culo pero hay mucho mejor material de escotes últimamente que no estas capturando, como consejo lo digo, eres el mejor y lo agradezco.
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